Sin justicia feminista, no habrá Agenda 2030: la propuesta del Women’s Major Group para el HLPF 2026

Sin justicia feminista, no habrá Agenda 2030: la propuesta del Women's Major Group para el HLPF 2026

A pocos años de la fecha límite de la Agenda 2030, el High-Level Political Forum (HLPF) 2026, principal espacio de las Naciones Unidas para el seguimiento y la revisión de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se celebró del 7 al 15 de julio en Nueva York bajo el lema: “Transformative, equitable, innovative and coordinated actions for the 2030 Agenda and its SDGs for a sustainable future for all”. Esta edición se centró en el examen de los ODS 6 (Agua limpia y saneamiento), 7 (Energía asequible y no contaminante), 9 (Industria, innovación e infraestructura), 11 (Ciudades y comunidades sostenibles) y 17 (Alianzas para lograr los Objetivos).

En el marco de este encuentro, las compañeras del Women’s Major Group (WMG) publicaron su Position Paper 2026, titulado A feminist roadmap for accelerating the Sustainable Development Goals. El WMG constituye una red global que reúne a más de 1.500 organizaciones feministas de la sociedad civil —entre ellas Creación Positiva—, que impulsan de forma colectiva una agenda de incidencia política en favor de la justicia de género y de un futuro sostenible desde una perspectiva feminista, antirracista e interseccional.

El documento parte de una constatación alarmante: el militarismo, la captura corporativa de las instituciones, el avance del autoritarismo y el retroceso progresivo de derechos conquistados mediante décadas de lucha colectiva están comprometiendo el cumplimiento de los ODS. Estas dinámicas profundizan las desigualdades estructurales y afectan de manera desproporcionada a las personas y comunidades históricamente discriminadas y excluidas, especialmente a mujeres y niñas, personas migradas, racializadas, indígenas, afrodescendientes, personas LGTBIQ+, personas con discapacidad y a quienes se encuentran en situación de pobreza o atraviesan múltiples formas de opresión por motivos de raza, género, origen, clase, situación administrativa u otros ejes de desigualdad. Los movimientos feministas y las organizaciones de la sociedad civil comprometidas con la Agenda 2030 desarrollan su labor en un escenario cada vez más hostil. Los movimientos antigénero y antiderechos, respaldados por gobiernos de extrema derecha y redes transnacionales reaccionarias, cuestionan de manera sistemática los avances alcanzados en materia de derechos humanos. Esta ofensiva trasciende los espacios de negociación internacional y se materializa en la ocupación de instituciones públicas, el desmantelamiento de políticas de igualdad, los retrocesos en los derechos sexuales y reproductivos, el debilitamiento de los sistemas públicos de cuidados y la criminalización de las defensoras de los derechos humanos y de los territorios, especialmente aquellas racializadas, indígenas y pertenecientes a comunidades históricamente marginadas.

Desde el proyecto Acollides Feministes – Transformem juntes, hemos seguido el HLPF y reafirmamos nuestro apoyo al Position Paper del Women’s Major Group, que recuerda que los Objetivos de Desarrollo Sostenible no podrán alcanzarse sin transformar las estructuras de poder que producen y reproducen las desigualdades. La igualdad de género no constituye un objetivo aislado, sino una condición imprescindible para hacer realidad el conjunto de la Agenda 2030 desde un enfoque basado en los derechos humanos, la justicia social y la justicia ambiental.

El HLPF concluyó con la adopción de una Declaración Ministerial en la que los Estados reafirmaron su compromiso con la Agenda 2030 y con la aceleración de los ODS, pero las negociaciones dieron lugar a un texto que prioriza el consenso entre los Estados, limitando la incorporación de nuevos compromisos y poniendo de manifiesto los límites del actual contexto multilateral. El lenguaje relativo a la igualdad de género se preservó, en gran medida, para mantener compromisos previamente acordados y acabó funcionando como moneda de cambio frente a cuestiones consideradas prioritarias, como la financiación para el desarrollo, la deuda o la acción climática. Al mismo tiempo, desaparecieron por completo las referencias a las migraciones, evidenciando la falta de apoyo político a un enfoque basado en los derechos de las personas migrantes. Del mismo modo, cuestiones centrales para la agenda feminista —como la organización social de los cuidados o la interrelación entre género, migraciones, clima y otras desigualdades estructurales— quedaron fuera de la Declaración Ministerial finalmente adoptada, a pesar de ocupar un lugar destacado en las propuestas de la sociedad civil. Todo ello refleja un multilateralismo que, si bien sigue siendo un espacio imprescindible para alcanzar acuerdos, encuentra cada vez más dificultades para impulsar respuestas verdaderamente transformadoras. A estas limitaciones se suma la propia crisis de financiación de las Naciones Unidas, que ha reducido el tiempo dedicado al examen de los ODS y ha condicionado la profundidad de las negociaciones.

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